and I say

wake up and be ~

lunes, 28 de marzo de 2011

Cuenta cuentos nº9: Otra historia de zombies


I
¡Esto no es una película!

Hoy tenemos un informe especial. A las afueras de Buenos Aires, en el pueblo de Rancho Villa, se produjo un hecho inaudito. Todos aquellos que estén familiarizados con reliquias del cine como “La noche de los muertos vivos” o “Corre, que vienen los come cerebros”, nos comprenderán inmediatamente. Sí, señoras y señores, los zombies existen y están invadiendo el mundo. Para aquellos incrédulos y escépticos que creían que sólo era una mala idea de la ciencia ficción, he aquí su merecido.
Rancho Villa es sólo uno de los focos zombies que se presentan. En la India, México, EEUU, Francia, Ecuador y Rusia ya se informaron avances importantes de los muertos vivientes sobre la población. Hay que ofrecer resistencia. Tableen sus puertas y ventanas, saqueen el chino o almacén más cercano y enfunden sus armas ¡Esto no es una película!

II
Yo creí que estaba en el Resident Evil

Yo soy Ramón, tengo 27 años y soy músico. Algunos dicen que le doy a las drogas, y es cierto, pero no se lo digan a mi vieja. Por eso pensaban que estaba de pepa cuando dije “loco, vienen los zombies, hay que romper todo”.
La cosa fue así, yo estaba en mi casa, en los límites de Rancho Villa, mirando una peli de Chakie Chan, un genio el chino ese. Y entonces, así de la nada, siento un re golpe en la puerta. Yo pensé, o es el viento o el viejo está en pedo de nuevo y no puede encajar la llave. Fui a ver qué onda, abro la tapuer y veo una zombie; que te digo, estaba tan buena como comer con la mano. Y yo pensaba, la necrofilia no da, si fuera zoofilia, vaya y pase, pero la necrofilia no da. Pero, pensándolo bien, ya van como seis meses que no tengo una alegría, ponele, no sé si me explico. Me saqué el prejuicio a la mierda y la invite de una, sin dudar, a tomar un café, comer unas pizzas y tal vez desayunar unas pepitos en mi cama. Una propuesta decente. Pero la minita, re sacada, me tiro a morder la geta. O sea, estaba todo bien si me decía que no, me chamuyaba, me tiraba el clásico “tengo novio” o el épico “soy lesbiana”, con eso alcanzaba. Igual yo la esquive porque soy re pro, y le metí un empujón, suavecito, pero se cayó como una bolsa de papa al sopi. Y ahí fue donde se armo el batibolonqui. Cayeron todos los amigos zombies juntos, bien de maricones. Son todos topus. Y yo, nada, yo creí que estaba en el Resident Evil, el juego ¿viste? Un juegazo, aunque la posta es el uno y el tres, el resto son cualquiera. Entonces me sentí como en el Resident, saque mi gamer de adentro, agarre un palo y los hice mierda a todos. Onda a lo Kill Bill, pero con menos rojo y amarillo.

Cuando terminé, le pegué una buena sacudida a la zombie histérica esa. Se lo merecía por puta calienta pava.

III
- ¿Qué vamos a hacer esta noche, Cerebro?
- Lo mismo que hacemos todas las noches, Pinky, tratar de conquistar al mundo

Somos zombies, y tal vez no tengamos el mejor olor del mundo, ni huesos ni músculos fuertes, nos estamos descomponiendo. Pero somos ciudadanos, seres humanos que alguna vez estuvieron vivos y ahora, post-mortem lo estamos de nuevo. Nos molesta la discriminación, la falta de respeto, que griten cuando nos ven, que no nos den los derechos que nos merecemos como cualquier ser vivo o no-vivo-vivo que camina por la faz de la tierra. Pero, fuimos como ustedes y bien sabemos que no nos van a dar pelota, nos van a querer cagar o estafar, y cuando nos demos cuenta, la poli o una bomba nos va a estar exterminando. Así es el ser humano, destruye lo que le da miedo.
Entonces, por más que podríamos tratar de extender una conducta pacífica y luchar para convivir con ustedes durante años y años y años, y quizás tal vez lograr algo, no lo vamos a hacer. Si el propio ser humano no acepta siquiera a sus hermanos con distinciones, menos va a aceptar a la comunidad zombie. No valen la pena, ustedes arruinan este mundo, y por eso mismo, los vamos a matar a todos, hijos de puta.
Este es un aviso para todos los países del mundo, queremos que nos entreguen a las personas más inteligentes que existan o sino, vamos a matarlos a todos sin piedad. Tienen un plazo de 72 hs.

IV
El plan secreto de los zombies

Los zombies tienen la particularidad de adquirir memorias, experiencias y conocimientos del cerebro que se engullen. Por eso mismo, precisan de cerebros intelectualmente potenciales y con conocimientos que los ayuden a poder construir su propio imperio. De ese modo, podrán realizar armas mortales para conquistar el mundo.
PD: esta información es clasificada, no puede transmitírsela ni a su perro o una patrulla de zombies guerrilleros lo masacraran en los próximos tres minutos realizada la infracción.

V
- ¿Y ahora quién podrá defendernos?
- Sólo Chuck Norris podrá salvarnos

Chuck Norris mató a todos los zombies y también a todo ser humano que no se arrodillo ante su presencia.

VI
El capítulo más corto de la historia

Fin.

Cuenta cuentos nº8: Mensaje en una botella

Mi hermano Alberto cayó al pozo cuando tenía cinco años. Fue una de esas tragedias familiares que solo alivian el tiempo y las circunstancias de las familias numerosas. Veinte años después, mi hermano Eloy sacaba agua un día de aquel pozo al que nadie jamás había vuelto a asomarse. En el caldero descubrió una pequeña botella con un mensaje en el interior. "Este es un mundo como cualquier otro", decía el mensaje. 
A penas escucho mamá la noticia, se desmayó. Papá pensó que Eloy estaba haciendo una broma de mal gusto o que había respirado mucho humo. Pero nadie le dio mayor importancia al acontecimiento y fue intranscendente para todos, menos para mí y Eloy. Aun así, esperábamos la ocasión propicia para proceder con un plan que tramamos a lo largo de seis meses.
Mediados de Noviembre y se hacía la competencia anual de glotonería. Papá había perdido su título el año pasado. Impulsado por su orgullo, entrenó duro, incluso cuando esto le costó subir unos treinta kilos. Era un viaje familiar de 700 kilometros, hospedarse en el mismo hotel de mala muerte y pasar una semana leyendo libros polvorientos del aburrimiento. Con Eloy fingimos estar enfermos y a fuerza a convencer a mamá de que viajase de todos modos con papá, logramos quedarnos solos para poder ejecutar nuestro plan.
Ese Domingo lluvioso, papá y mamá se fueron en la furgoneta, cenamos y nos acostamos temprano. Despertamos, desayunamos, fuimos a comprar provisiones y después de algunos preparativos, bajamos por el pozo con Eloy.
La bajada fue complicada, pero gracias a nuestros guantes de jardinería, pudimos deslizarnos sin quemarnos las manos. Después de una hora, llegamos al fondo y nadamos por un túnel que parecía no tener final. Cuando vimos velas a los costados, supimos que estábamos llegando a destino. Nos encontramos con una puerta de hierro que nos costó abrir, pero después de varios intentos, lo logramos. Al ver lo que había del otro lado, la sorpresa fue inminente. Una ciudad se erguía al mejor estilo Venecia, con personas que iban y venían en canoas.
Esquivamos canoas y subimos a la vereda, empapados. La gente nos saludaba amigablemente y no les parecía raro que estuviésemos ahí. Se veía como cualquier ciudad normal; bares, cines, negocios, shoppings, teatros, plazas, lo típico pero con agua mediante. Caminamos horas y horas, recorriendo y observando, tratando de encontrar algo extraño en la ciudad, pero no lo logramos, llegando a la aburrida conclusión de que Alberto cuando dijo “este es un mundo como cualquier otro” no estaba exagerando.
Estábamos en lo que suponíamos era el centro de la ciudad, donde varias avenidas se entrelazaban y había un parque enorme, y frente a él un edificio gubernamental. Nos sentamos en el pasto y almorzamos al mejor estilo pic-nic, bastante decepcionados. La que creíamos sería una aventura sin igual, era exactamente lo mismo que ir de viaje con los viejos. Terminamos de comer y cuando nos levantábamos, nos percatamos de una enorme estatua que se erguía en el centro de la plaza, la miramos y el hombre esculpido nos resultaba levemente familiar. Cuando creíamos que ya estaba todo perdido, vimos la placa de la estatua y se trataba de nada más ni menos que de un monumento a nuestro hermano Alberto. Según decía allí, era por salvar de una crisis importante a la ciudad, haber limpiado los canales de agua y haber terminado con la epidemia de sapos y pirañas. Entonces comprendimos que el joven Alberto que vimos partir a la edad de cinco años era un héroe bajo la tierra de nuestra propia casa.
Entusiasmados con Eloy, fuimos directo al edificio gubernamental a buscar a Alberto o alguna información sobre él. Lo más extraño es que desde que tramamos el plan y habíamos llegado, jamás se nos había pasado por la cabeza la idea de ver o buscar a Alberto, rescatarlo o lo que fuere. Hubiese sido lo más lógico, pensarlo, pero nosotros sólo fuimos víctima de nuestra propia curiosidad, de nuestra sed de algo nuevo y diferente, para poder salir un poco de esa tenue y gastada rutina que nos envolvía en el día a día desde que teníamos uso de razón.
Seguro que ni se acuerda de nosotros – dijo Eloy en tono de chiste, pero yo sabía que el brillo de su mirada era triste. Que extraña es la situación; ir a ver a un hermano el cuál hace más de veinte años que no ves. No podía cuadrar en mi mente una forma de llamarlo o tratarlo. No me sentiría cómodo con un tono familiar aunque éramos familia ¿éramos? Somos familia, literalmente, aunque no podría decir que somos familia porque hace veinte años que no hablábamos y vivimos juntos. Veinte años es mucho tiempo, es casi toda mi vida. ¿Con qué cara le voy a hablar a un hermano que no siento hermano? ¿Qué se supone que le deba decir? ¿Qué haces Albertito tanto tiempo? ¡Cómo creciste! Era tan absurdo y obvio que pecaba de patético. Mientras pensaba más y más en todo esto, me daba cuenta de que con Eloy habíamos disminuido el paso y estábamos rosando el detenernos por completo. El entusiasmo se había desvanecido. Creo que Eloy está pensando lo mismo que yo, que esta situación es absurda e incongruente, que no tiene sentido. Desde el principio esto no tenía sentido, si lo pienso. ¿Qué se supone que esperábamos? ¿Encontrar la ciudad perdida de Atlantis o el centro de la Tierra con demonios que trabajan en la oficina de la maldad? Me sentía entre estúpido e infantil. Me detuve y note que Eloy siguió caminando, sin notar siquiera que no estaba más a su lado.
Eloy volteó y sonriendo me dijo – terminemos lo que empezamos, sino el viaje no tendrá sentido. Parecía un discurso de película, concreto y maduro, en la parte donde todos nos emocionamos por tales palabras de aliento. Corrí hasta Eloy y continuamos juntos.
Una vez en el edificio gubernamental, entramos y preguntamos a un secretario enano, calvo y obeso sobre Alberto. El hombre deslizo las gafas de leer que llevaba y nos miró de reojo. ¿Quién lo busca? – preguntó con voz ronca. Sus hermanos, respondimos nosotros. Los ojos del sujeto se engrandecieron y corrió tras una secretaria, la secretaría corrió tras otro hombre y así una cadena que parecía no terminar, mientras sentía que habíamos desatado el nudo del velero y estábamos naufragando en la incertidumbre misma. No hay retorno, me dije.
Una puerta enorme de hierro negro con detalles en plata se abrió y un hombre de traje refinado nos hizo un ademán. Pasamos y lo seguimos por largos pasillos de mármol y madera, en una estructura arquitectónica que parecía laberíntica. Llegamos a una habitación principal donde había dos guardias resguardándola. El hombre de traje les habló el oído y abrieron la puerta para dejarnos pasar. Era una especie de despacho presidencial, y tras un escritorio se encontraba Alberto, totalmente sorprendido.
Eloy y yo no sabíamos cómo reaccionar. Alberto se acercó y nos dio un abrazo. Los estuve esperando, pero tardaron tanto que ya había perdido las esperanzas de que vengan, nos dijo. Y ahora los sorprendidos éramos nosotros. Alberto nos invitó a tomar asiento y charlamos un poco de cómo iba la vida arriba. Tan aburrida como me la imaginaba, nos contestó. Entonces le preguntamos cómo llegó a convertirse en presidente y héroe de la ciudad. La conversación se extendió por horas y nos ofreció quedarnos en su casa esa noche y cenar juntos.
En la mansión donde vivía Alberto conocimos a nuestra cuñada, Lucía, y sus dos hijas, Charlotte y Charize. Luego de la cena, nos sentamos en sus amplios sillones de la biblioteca y nos hizo una pregunta que nos desconcertó - ¿Piensan volver? Y entonces nos dimos cuenta que habíamos planeado este viaje para que durase dos semanas, el tiempo que papá y mamá estarían fuera de casa, pero no se nos había cruzado por la cabeza intentar tener una vida más emocionante debajo de la tierra. Con Eloy le explicamos la situación y Alberto nos dijo que podría darnos un puesto en su gobierno y podríamos vivir tranquilos. Eso era mucho más de lo que hubiésemos aspirado a tener algún día, la oferta era realmente tentadora. Pero por nuestras mentes se pasaban tantas preguntas y dudas, la principal era qué hacer con papá y mamá.
Concluimos en que lo pensaríamos y que tomaríamos esas dos semanas para conocer el lugar y tomar una decisión. Fueron dos semanas que se pasaron muy rápido, entre las que vivimos reuniones con Alberto, jugamos con nuestras sobrinas, visitamos espacios culturales y viajamos en canoa a otras ciudades a través de los canales. La idea de quedarnos estaba casi tomada, pero seguíamos con la cuestión de nuestros padres. Entonces redactamos una carta en la cual les explicábamos toda nuestra aventura y que nos quedaríamos viviendo aquí, junto a Alberto, que era un hijo respetable que había llegado muy lejos del cual deberían estar orgullosos. La dejamos junto a la puerta de casa.
Es el día de hoy, que ya pasaron cinco años y nunca recibimos respuesta de nuestros padres, ni vinieron a visitarnos. A veces me pregunto que habrá pasado con ellos, si se lo habrán creído o habrán reaccionado del mismo modo que cuando llegó el mensaje embotellado de Alberto. Lo cierto es que nunca tuve el valor de subir y saberlo, ni de enfrentarlos y decirles que prefería vivir aquí porque era mucho más divertido y sentía que tenía más futuro que allá arriba. Pero a veces, tengo sueños en los que papá y mamá nos envían un mensaje embotellado, en el cual me dan ánimos para subir. Lo espero con ansias. Espero continuamente que alguien me dé una razón para volver y enfrentar una realidad que supere la que vivo ahora, del mismo modo que sucedió cuando estaba allá arriba.
Supongo que los milagros suceden sólo una vez en la vida.

Diario de un alma nº10.5


Si vos sabrás
De sacar sonrisas
Sin pedir permiso
De dar amor por amor
De hacer
Esas pequeñas cosas
Que hacen que uno
No se sienta tan
Profundamente
Desgraciado.

Y yo, no tengo
Otra opción
Que volverme adicta
A esa sensación
De alivio y libertad
Que me da los restos
De tu aire
De tus miradas
Lo que queda
Las migajas
A mí
Me alcanzan.

Si vos sabrás
De llevarme a volar
Muy lejos
De todo y todos
Para salvarme
De aquellas oscuridades
De las sombras
Y los infinitos
Que me persiguen.

Me abrazan
Tus palabras
Tu aliento
Pudiendo lavar
Toda pena
Que aqueja el alma
Y llenarme
Completarme
Hasta lo más hondo.

Tu amor, me eleva
Me lleva
Me trae
Me deja a
La deriva
De un sueño
Sin fin.

domingo, 27 de marzo de 2011

Diario de un alma nº11

¿Alguna vez te perdiste? ¿Y no supiste donde ir ni cómo saberlo? Me preguntó ella. Una vez naufragué y tendido en el medio del mar, no había otra cosa que cielo y agua. ¿En serio? Que horrible ¿Y qué hiciste? – me dijo alarmada. De repente pestañé y te vi enfrente mío ¿qué hice? Te di un beso. Ella sonrió sonrojada. Le di otro beso. Me acaba de pasar de nuevo – le dije. Nos abrazamos y nos hundimos en el mar, que más que mar, parecía cielo.

domingo, 20 de febrero de 2011

diario de un alma nº10

Otro domingo más, y ayer ya fue domingo. La tristeza me nubla el corazón. Vos y tus gritos, tus reproches, tus palabras afiladas como puñaladas. No sé que responder, por eso acudo al silencio. Pero a vos no te alcanza con dejarme sin habla y con la mirada baja y perdida. Seguís practicando tu sadismo conmigo. Me gustaría saber en qué momento deje de ser una persona para convertirme en el recipiente aquel donde proyectas, canalizas y acumulas todas tus frustraciones, todos tus vacíos. Desconozco ya si es más triste tu actuar trágico o mi negligencia con tu desprecio. Cerrá la boca, deja de producir cual máquina todos los discursos hirientes de tu libreto. Pero no alcanza, no bastará hasta que sientas que ya lastimaste lo suficiente para convertir todos los días en domingos, todas mis sonrisas en un viejo recuerdo. Fumo cigarrillo tras cigarrillo, con los pies inquietos, con la mente en blanco, con la boca entumecida. Te regocija observarme rendida, sin hacer más que castigarme por todo aquello que yo no supe ser. Nunca fui lo que quisiste que fuera, vos nunca fuiste lo quién yo precisaba que fueras. Y sin embargo, no pude culparte por eso, ni pude odiarte por eso. Muchas veces lo quise, lo anhele con el alma. Pero soy ilusa, te perdono una y otra vez. ¿Qué más podría hacer? Llenarme de rencor, sólo me convertiría en un monstruo, como vos. Un monstruo que no sabe hacer otra cosa, que afilar sus dientes en los huesos ajenos, sobrevivir con la sangre cruelmente derramada de la agonía que causa, alimentándose del dolor que provoca, que extiende. Quizás entonces prefiera ser ilusa, y vivir domingo tras domingo. Hasta que encuentre al fin, la forma de transformar los domingos en lunes.

miércoles, 16 de febrero de 2011


Estoy cansada de hablar conmigo
Por más que tenga tantos alter egos
Tanto yo, por más diferentes que sean
Siguen dando lo mismo, yo
Por más que siempre cambie yo
Sigo siendo yo
Y no me atrae en absoluto
Ser tan egocéntrica, no quiero
Ser siempre yo y yo
Y más yo
Lo que necesito es un vos
Pero vos estás muy ocupado
En tu yo.

domingo, 23 de enero de 2011

y vivir no es más que contruir recuerdos.
recuerdos que justifiquen
el recuerdo que estamos construyendo.