and I say

wake up and be ~

domingo, 17 de julio de 2011

Diario de un alma nº14

A veces me pregunto:
¿Por qué todos queremos ser
Los mejores?
¿Por qué la obligatoria lucha
Por ser mejor de lo que
Fui o pude soñar con ser?
¿Qué necesidad externa
Al enorme ego que
Poseemos y nos domina
Nos hace destruirnos
Constantemente
Para la nueva conformación
Unión, auto-conformación
Del ser?
¿Qué buscamos en eso
Más que la satisfacción
De vernos capaces de
Demostrar que podemos
Superarnos?
¿Para qué? ¿Acaso a veces
En la contienda de la
Evolución
No nos olvidamos de
Vivir?
¿Es para vivir mejor?
Y otra vez, mejor
Mejor, mejor
Como si alguien pudiese
Ejercer ese juicio
Darle una medida.

Yo no quiero ser
Mejor
Yo solamente quiero
Ser libre
Voy a deshacerme
De las cadenas y prisiones
Que me impuse
Que la sociedad
También me impuso
Y todo aquello que haga
En pos de mi libertad
No será mejor
Ni evolución
Será real
Una real liberación
Una liberación de lo
Real
Un progreso hacia
El cielo
just like heaven ~

Diario de un alma nº13


Conozco más ideas
Que me hayan hecho
Sentir
Que personas.

Y no puedo culpar
A las ideas
Por tentarme
A enamorarme de ellas.

Tampoco puedo culpar
A las personas
Por ser menos interesantes
Que lo que crea mi imaginación.

Mi imaginación
No tiene límites
Aunque muchas veces
Parece encerrada
En mi mente.

No es que el
Alma
De las personas
Lo tenga.

Pero ellos
Muchas veces
No lo saben.

No quisiera aceptarlo
Pero las ideas
Están más vivas
Que su corazón.

Pero ellos
Viven
Negándolo.

Ojos que no ven, corazón que
No siente
Pero cuando los ojos ven
¿Por qué el corazón
No siente?

¿No siente
O se calla?
Todo lo reprime
En la jaula
De tu mente.

En eso coincidimos
Todos
La mente nos
Apresa
Nosotros somos
Su presa.

lunes, 20 de junio de 2011

diario de una mente nº20


La soledad pocas veces fue tan deliciosa, como cuando te saque de mi pensamiento. Deben de haber tantas razones por las cuales me importa cada mínimo movimiento que hagas, pero la principal, es porque sencillamente me importa. Sin embargo, mi mente no halla descanso. Pensar tanto en alguien ajeno a mí, me agota. Termina por agotarme. Necesito sacarte, al menos unos instantes, de mi cabeza. A veces el desalojo se vuelve hasta violento, porque te negas a irte. Pero no sos consciente de que preciso un espacio, vacío. Un espacio vacío donde pueda pintar, escribir y llenar de a poco de pequeños instantes de lucidez, de iluminación. No sos menos importante por no estar todo el día en mi cabeza. Tu imagen de vos, en mí, no lo entiende. Y todo lo intenta para verse involucrado en cada línea que trazo, oración que redacto, imagen que nace, momento que vivo. Entonces, debo ponerme firme. Ya le he explicado mi situación, pero él, vos, no me entienden. No me gusta tener que echarte, echarlo, pero a veces no veo otra forma de poder ser yo, de poder vivirme, si estás ahí absolutamente siempre. La negociación se vuelve complicada, vos, él, no hacen caso a su palabra, la rompen y volvemos de nuevo a lo mismo. Me cuesta encontrar una solución. No puedo vivir con esto, no es opción el acostumbrarme o simplemente dejarlo ser, estar.

Y fue entonces cuando lo hice. Tome tus, sus, cosas; intervine. Procedí en el desalojo y desde entonces no regresaste, regresó. Ahí fue cuando me di cuenta, lo mucho que necesitaba esto. Y la soledad, pocas veces fue tan deliciosa, tan real, tan hermosa. Pocas veces me lleno tanto. Y me niego a abrirte, abrirle, la puerta. Quedate ahí afuera, lejos, ajeno, no puedo darte, darle este espacio. El espacio que al fin he recuperado y proclamo mío. No sé qué hacer, por momentos te extraño, lo extraño, pero no concibo la idea de que regreses, regrese. Quizás podamos intentar, salir a pasear fuera de mi mente. Será cuestión de probar, tiene que funcionar. No nos queda otra, tiene que funcionar.


[[ No quiero más de vos,
Quiero más de mí ]]

martes, 7 de junio de 2011

mi lugar feliz ~

- ¿tenes un lugar feliz?
- sí, es muy lejos de acá.
- ¿dónde?
- por el sur, donde el viento es frío y seco, el calor abruma, el agua es tan fría que pensas que vas a morirte de hipotermia pero cuando menos lo crees te acostumbraste y el agua te parece hasta cálida, donde el horizonte está atravesado por montañas verdes, el cielo tiene un color impensado, las estrellas son tantas pero tantas tantas que tus ojos se deslumbran y te ves tentado de contarlas toda la noche sabiendo que no vas a poder, la lluvia está llena de amor y pasión, y donde estás tan lejos de todo y todos, que estás muy cerca del todo y tu alma.
- ¿en serio?
- sí, parece un sueño pero te juro que es real.

tan real que enamora ♥

domingo, 8 de mayo de 2011

Diario de un alma nº12


Parece estar todo en su lugar y con su debido nombre. El ABC de la felicidad. Podría hacer una lista de las cosas que tengo y hago que me hacen bien. De las que todos dicen que tengo que tener y hacer para sentirme bien. Podría decir que estoy bien. Todos pueden decir que estoy bien. Pero por más uno quisiera que la vida fuesen simples matemáticas, no lo son. Si sumo todas las cosas que tengo y hago que me hacen bien, el resultado debería ser estar bien. Pero no, no siempre ese es el resultado. Y las x, incógnitas, por alguna razón, no las puedo resolver. Y el ABC, no alcanza. Entonces, uno, iluso, sigue sumando cosas que tener y hacer que hacen bien. Pero sigue ignorando la incógnita. Maldita incógnita.

Que estoy lejos, ya lo sé. Por alguna razón, estar lejos me sirve para poder ver a distancia. Necesito distancia, quiero distancia. Debo resolver la incógnita. Y aún resolviendo la incógnita, nada me asegura que la ecuación dé lo que debería dar. Entonces la solución es tirar a la mierda la ecuación.

Empiezo de nuevo. Lejanía, distancia, incógnita, y siento que me pierdo. Me pierdo porque perdiéndome, me encuentro. Y si no me encuentro, habré de perderme aún más hasta encontrarme, o dejar de perderme para dejar de perderme y quizás así encontrarme. La vida no son simples matemáticas. Muchas veces no sé qué hacer para dar con la solución. Pruebo, intento, algo ha de funcionar. Y si no funciona, volveré a empezar. Pruebo, intento, pruebo, intento, pruebo, intento, pruebo, intento, pruebo, intento. Y siento que nada funciona, que volver a empezar no funciona, que probar no funciona, que intentar no funciona, que nada en mi forra vida funciona como quisiera que funcione. Pruebo, intento, pruebo, intento. Podría dejar de probar e intentar, pero por alguna razón no puedo. No puedo, no, no quiero. Pruebo, intento, tiro a la mierda la ecuación, pruebo, intento. En alguno de mis pruebo, intento, se me tiene que dar. Sí, se me tiene que dar.

lunes, 28 de marzo de 2011

Cuenta cuentos nº11: Marion

Marion siempre fue así, impulsivo, nunca piensa las cosas dos veces. Desde que lo conocí en la primaria, siempre fue así; no tiene filtro, dice lo que piensa sin importarle los demás, y lo que más admiro de él, es su falta de miedo para asumir o dar a conocer su homosexualidad. Sí, es verdad que siempre lo burlaban pero a él no le importaba. Otra cualidad de Marion, todo le chupa un huevo. Bah, eso es lo que aparenta, en el fondo le pegan las cosas, pero es cerrado y reservado, no suele expresar lo que realmente siente o le pasa. Con el tiempo te acostumbras, lees sus gestos y miradas, y te das cuenta cuando algo está mal. Sus profundos ojos celestes nunca aprendieron a mentir tan bien como sus labios.

Siempre sentí envidia de Marion, y me cuesta mucho aceptarlo. Yo solía pensar que era admiración, que lo veía como un ejemplo a seguir, pero me mentía a mí mismo. Celaba intensamente a Marion y su facilidad para desenvolverse con la gente, su sex-appeal; todos estaban atrás de Marion, no había un solo chico gay que lo conociera y no le tuviera ganas o se enamorara de él. Hasta los heterosexuales dudaban de su sexualidad cuando lo conocían y caían como moscas en tela de araña con sus encantos y su rito de seducción.

A veces pienso, que simplemente, estaba demasiado enamorado de Marion y no quería admitirlo. Es el día de hoy, que no sé si fue así o es así, pero de todos modos ya no importa, porque Marion desapareció de mi vida. Y aunque no fuese así, nunca estuve a la altura de la circunstancia para estar con él.

Me imagino que todos se hacen una mala imagen de Marion, pero la verdad es que, es una buena persona. Bueno, sí, tiene defectos y a veces, te daban ganas de golpearlo, pero supongo que a todos nos pasa lo mismo. Nadie es perfecto.

Marion tenía eso de personaje, de show man, pero cuando estábamos solos era otra persona. Fue mi mejor amigo, y definitivamente, una de las personas más importantes de mi adolescencia. Marion me escuchaba con mis problemas familiares, mis miedos, mi negación a salir del closet, sobre los chicos que me gustaban, y todos esos mambos que uno tiene en esa época de rebeldía, en que siente que el mundo está en su contra y nadie lo entiende. Marion me entendía, era el único que me entendía. Además, siempre que me quedaba en su casa a dormir, veíamos porno y nos hacíamos la paja juntos. Más de una vez hubieron ciertos roces, algunos besos, quizás dormir juntos, pero nunca cogimos. Yo tenía miedo y Marion también, aunque él siempre parecía valiente y decidido, por más que casi nunca lo estaba. Era un buen actor. Le gustaba aparentar madurez o que era grande, que se las sabía todas. Recuerdo que una vez, mientras me hacía la paja, él puso su mano sobre la mía y me ayudo. Yo me sentía un poco incómodo al principio, pero cuando empezó a chupármela, me había olvidado completamente que se trataba de él. Lo gracioso es que cuando acabé manche la alfombra y tuvimos que limpiarla a escondidas de su madre, para que nadie se enterase.
 
Con Marion solíamos ir a una fiesta los viernes, una fiesta gay en un boliche por acá, en capital. Nada, lo típico, muchas locas, alcohol, sexo, drogas y música pop. Nosotros no éramos muy heavys, nos poníamos en pedo de vez en cuando, pero solíamos tomar mucho, nos comíamos a algún pibe, a veces a dos al mismo tiempo, nos tocábamos, capaz nos hacían o hacíamos alguna paja, o un pete, pero no pasábamos de ahí. Era como un juego, nos gustaba sentirnos en ese éxtasis.

Siempre le mentíamos a mi vieja, le decíamos que me quedaba en casa de Marion y la madre de él nos hacia la pata. Ojala mi vieja fuese como ella, incluso ahora que estoy grande le cuesta apoyarme o aceptar mi homosexualidad. La única vez que le presenté un novio no pudo evitar poner cara de asco. Yo la entiendo, supongo que no soy el hijo que esperaba. Y está bien, porque ella no es la madre que yo necesito.

Hubo una noche de verano, a finales del último año del secundario, que fue un antes y un después en nuestra amistad con Marion. Fuimos a bailar como de costumbre y estaba Lu, uno de los gays más codiciados del boliche. Lu, hacía fierros y era el típico carilindo gay activo. A todos nos calentaban sus brazos musculosos, su boca carnosa, sus ojos verdes y el piercing que tenía en la ceja. Lu era una histérica más, le gustaba hacerse la estrella y hacerse rogar; casi nadie estuvo con él, y eso le daba una apariencia de inalcanzable. Pero esa noche, Marion hablo mucho con él, tomaron del mismo vaso, bailaron muy cachondos, y cuando me quise dar cuenta, estaban apretando en la puerta del baño. Me molestó mucho, y no pude evitar poner una cara de orto monumental. Yo estaba sentado en un sillón y los observaba. Como se abrían sus bocas, sus lenguas que iban y venían, como los brazos de Lu envolvían el cuerpo de Marion, le tocaba el culo, y le manoseaba el bulto. Lu le estaba haciendo un chupón a Marion en el cuello, y lo empujaba contra su cuerpo. La cara de placer de Marion era única, y eso me enfermaba. Era yo el que tenía que estar con él, no Lu, él no sabía quién era Marion, no lo conocía como yo, no se lo merecía; ninguno de los hombres que estuvo con Marion se lo merecía.

Carlos, uno de esos gays feos pero simpáticos estaba sentado al lado mío. Me preguntaba por Marion y cómo había hecho para estar con Lu. Yo lo ignoraba, no le decía nada, no podía dejar de mirarlos. Estaba tan enojado, y caliente. Sentía como poco a poco se me iba endureciendo. Carlos aprovecho, y mientras yo me excitaba viendo a Marion con Lu, me besaba el cuello y me manoseaba. Me desabrocho el cinturón, abrió la bragueta y empezó a hacerme una paja. Yo lo había notado, pero no le dije nada, no me importaba. Las cosas entre Marion y Lu se ponían cada vez más calientes. Carlos, estaba de rodillas, enfrente mío y me la chupaba cada vez más rápido y fuerte. Lu, se fue moviendo de a poco hasta que entro al baño con Marion. Yo me quede perplejo. Lo agarré a Carlos del pelo y le levanté la cabeza, me acomodé el pantalón y me acerqué al baño. Abrí un poco la puerta y no veía nada. Entré y atrás mío entro Carlos.

Y ahí los vi, y fue una imagen que me quedó grabada para toda la vida. Marion se agarraba de la pared, tenía los pantalones bajos y Lu se lo estaba cogiendo. Y no, no fue como en esas pornos que solíamos ver, esto era mucho más caliente. Marion tenía una expresión de placer y de dolor. Lu sacaba su pene del culo de Marion y se lo escupía, llenándoselo de saliva. Se la volvía a meter y le daba despacio al principio y después un poco más rápido. Pero a Marion le dolía, porque era virgen; se notaba por la forma en que cerraba los ojos. Entonces Lu la volvió a sacar y me pidió vaselina. Lo mire y le dije que no tenía. Lu tiro un par de puteadas y me dijo que era una maricona. Carlos, enseguida le ofreció un poco. Yo lo mire con odio y él se dio cuenta. Se dio cuenta de que me gustaba Marion, cuando incluso yo en ese momento, confundido, no lo sabía. Y ahora me doy cuenta, siempre estuve enamorado de Marion. Por eso me molestaba tanto, me molestaba mucho que perdiera su virginidad con alguien que no fuese yo.

Lu se pasaba la vaselina bien despacio y Marion, me miraba. No podía definir su mirada, por momentos sentía que me estaba diciendo que vaya, o que me quedara a verlo, a ver cómo era feliz consiguiendo lo que tanto había anhelado, pero por otro lado, me daba la sensación de que no estaba feliz. Si lo pienso un poco, puede ser que a él le pasara lo mismo que a mí, quizás esperaba que fuese yo, quizás también estaba enamorado, pero tenía miedo, como yo. Y aunque fuese así, soy demasiado cobarde para verlo o preguntárselo. Supongo que siempre me quedaré con la duda.

Mientras Lu se la metía a Marion, una y otra vez, cada vez más fuerte y rápido, Marion gritaba, gemía y se le caían las lágrimas de los ojos. Yo estaba impactado, anonadado, no podía hacer nada. Incluso Carlos se quedo al lado mío con la misma expresión. Lu le cacheteaba las nalgas a Marion, y la gritaba – gemí como la puta que sos. Y yo, mientras escuchaba el sonido de la cola de Marion impactando en la entrepierna de Lu, sentía como mi corazón se rompía a ese ritmo, produciendo un crujido. Se escuchaba amplificado, como con un eco. Mire a Marion pero él estaba agarrándose como podía de la pared, del inodoro, lo que tuviese a mano, y cerraba los ojos. Él no me estaba mirando, por suerte, para cuando empecé a llorar. Creo que Carlos se dio cuenta, pero no me dijo nada. Respire hondo y salí del baño, tapándome la cara. Busque mis cosas y me fui a mi casa. Cuando mi vieja se despertó y me vio ahí, le dije que había discutido con Marion y que no quería dormir en su casa, que había tomado un remis, que no se preocupase, que todo iba a estar bien. Pero estaba mintiendo, mentía cuando decía que todo iba a estar bien, mientras se me quebraba la voz.

Cuando vi a Marion en el colegio, no le hablé y evitaba sus miradas. Él tampoco dijo nada, ni intento acercarse. Yo pensé que estaba enojado, porque lo había dejado en banda, porque me borré de la nada. Capaz se había dado cuenta de lo que me pasaba con él y no quiso hacerse cargo. La verdad no sé. Al principio me sentía mal por eso y lloraba en el baño de los chicos de primaria. Con el tiempo fui siendo cada vez más indiferente, aunque cuando miraba a Marion siendo el centro de atención en algún circulo de chicos y chicas, me sentía vacío y me daba cuenta de cuánto lo extrañaba. Y pensaba como sería todo si él estuviese en mi vida. A veces, cruzábamos algunas palabras y él me sonreía, pero yo veía tristeza en su sonrisa. Por suerte, faltaba poco para terminar, y aunque me dolía el alma con todo lo que había pasado, la pude pilotear hasta fin de año. En el discurso de la entrega de diplomas que dio Marion, me puse a llorar y me fui. Él se dio cuenta y cuando se dispersaron los chicos me fue a buscar. Me dio un abrazo y me dijo que tenía que aprender a ser más fuerte. Esa fue la última vez que lo vi y hablé con él.

Según conocidos en común, Marion se mudó y está estudiando algo como administración de empresas. Dicen que sigue yendo al mismo boliche de siempre y que es como el nuevo Lu, porque ahora se hace el difícil. Me siento mal cuando me acuerdo de él, porque pienso en lo feliz que sería mi vida si él estuviera cerca mío, no sé si como novio o pareja, aunque sea como amigo. Nunca nadie me escucho como él lo hacía. La vida se siente más dura y fría sin él, sus sonrisas y sus ojos celestes. Y aunque no tengo el valor de buscarlo, siempre tengo la esperanza de que quizás, un día, me lo cruce por la calle. Y cuando eso suceda, ya no seamos los mismos dos cobardes llenos de miedo que fuimos siempre, y podamos volver a estar juntos.

Cuenta cuentos nº10: ¿Por qué?

Las víctimas siempre te preguntan ¿Por qué? ¿Por qué me hace esto? Déjeme ir, déjeme vivir. Son tan asquerosamente egoístas, como yo. Ellos son más monstruosos que yo. ¿Por qué YO te torturo y asesino A VOS? ¿Tan ególatra se puede ser? Se creen el centro del universo, manga de infradotados. No, no es por vos, no es porque seas vos, vos me chupas un huevo, no me importas una mierda. Estabas ahí, de paso, frágil y fácil de capturar. Como una presa herida, al alcance de la mano. No hay una razón particular, ni es nada personal, solamente sos un ser humano y a mí me gusta torturar y matar a seres humanos. No, nadie te pregunta ¿Por qué torturas y matas? ¡NO! Siempre ese discurso mediocre de por qué a mí, tengo familia, estoy embarazada, tengo hijos, estoy enamorado, tengo mucha plata. Y a mí qué mierda me importa la familia, los chicos y menos que menos la guita ¿Se piensan que uno lo hace por plata? Hay que ser ilusos en la vida ¿Quién mierda me va a pagar por matar a un ser tan insignificante, que no le significa un peligro a ninguna persona de poder? ¿Se dan cuenta? Son todos egomaníacos. Me dan asco, mucho asco. Después el monstruo soy yo, pero son ellos los que no escuchan, los que no se preocupan por los demás. No, a ellos no les importa cómo llegue a ser un psicópata hijo de puta, no, no les importa si mi mamá me pegaba o si mi viejo me violaba, si presencie alguna muerte de chiquito, no les importa NADA ¿Y a mí me tiene que importar su vida de mierda? ¿ÉH? ¿Por qué?

Tengo un fetiche si se quiere, una preferencia. No es que busque sólo ese determinado tipo de persona, pero si las veo me hierve la sangre y corro riesgos innecesarios para capturarlas y matarlas. Me gustan las mujeres pálidas de pelo oscuro, de unos trece años. Sí, si se nota que son vírgenes mejor. Yo no soy un violador, no suelo violar a mis víctimas, pero las nenas blanquitas con pelo negro me pueden, me excitan tanto que no me puedo controlar. Me las llevo a mi sótano, y las ato bien fuerte, para que no se puedan mover. No las amordazo, me encanta escuchar como gritan o gimen desesperadamente mientras las cojo con violencia, hasta el fondo y le clavo los dedos en los huesos de la cadera. De solo pensarlo me calienta. Lo mejor es después de que siento que se mojan todas y hasta chorrean sangre, las obligo a que me la chupen y se traguen toda la leche. Su cara, la cara de sufrimiento que ponen, sufrimiento y placer, al mismo tiempo, es una de las cosas que más feliz me hace de esto. Como cuando torturo a sadomasoquistas, que lo disfrutan hasta la muerte. Lo más gracioso es que ellos no preguntan ni dicen nada, al igual que las pendejas, sólo lloran y no saben qué hacer, siquiera pueden suplicar o rogar. También me he cruzado a mujeres que me prometieron sexo y dinero a cambio de dejarlas ir. En esos casos, dejo que me cojan y después las torturo y las mato.

¿Por qué? Sí, esa es la pregunta que más escucho de mis víctimas. En realidad, no me molesta responder esa pregunta, pero sé que no me entenderían. Porque si ellos pudieran entender el porqué lo hago, no me harían semejante pregunta absurda. Es porque me excita la sangre, me causa una sensación de cosquilleo orgásmica por todo el cuerpo que me da incluso más placer que acabar con una pibita de esas que tanto me gustan. La sangre es lo que representa la vida, es tan deliciosa, pura, inmaculada, tan roja y caliente. A veces me gusta hacer heridas pequeñas y que salga a penas unas gotitas de sangre, y eso me pone loco, aunque otras veces me excita más cuando sale a chorros y entro en un estado de trance. Termino por descuartizar a mi víctima en una danza sacada y violenta. No lo puedo evitar, es como una necesidad, o el mayor placer que alguna vez sentí. Es como una droga, la probas y no podes dejarla por nada del mundo.

Algunos pensarán como empezó todo. Es difícil de explicar, no sé en qué momento lo supe, pero cada vez que miraba a alguna mujer hermosa o a un hombre joven y lánguido, me sucedían imágenes en mi cabeza de cómo serían desnudos, descuartizados, la sangre cayendo de sus cuerpos y me moría de placer. Me calentaba mucho, se me paraba tanto la pija, que era incareteable. Un día me pasó en un prostíbulo, al que fui con unos amigos. La puta se dio cuenta que la tenía muy dura y me empezó a tocar. Cuando subimos a la habitación, mientras me la cogía, no paraba de ver sus pechos cortados y llenos de sangre. Entonces le pregunte si tenía alguna trincheta o algo. Me preguntó el porqué y le dije. Se dejo sin problemas. Y mientras chorreaba la sangre de sus tetas, yo la bebía. Ese día supe que no iba a poder vivir sin la sangre. Luego, después de experiencias de ese tipo con diferentes parejas, maté “accidentalmente” a una y ya no pude volver atrás. Lo hago con frecuencia, una vez a la semana, mínimo, pero si puedo hacerlo dos o tres, mejor. Todos los días no tendría sentido, hay que disfrutarlo, no mecanizarlo ni hacerlo una rutina.

Pero sí, a ninguna de mis víctimas les interesaba saber el porqué ni de dónde viene. Todos piensan que estoy enfermo, y es mentira. Sólo soy un adicto ¿cuánto adicto hay por el mundo? Las drogas, el alcohol, el pucho, el sexo, el mundo está lleno de adicciones. Bueno, sí, podemos decir que esta es un poco más particular o que no tengo derecho de tomar la vida de alguien. Eso es verdad, pero si ellos hicieran algo para valorar su vida, lucharan para seguir vivos, pero no, sólo lloran y suplican. Una vez, un hombre intento cagarme a trompadas. Después de torturarlo, lo deje inconsciente en un callejón. Ese tipo merecía vivir, tenía voluntad, los otros no, eran unos pelotudos, egocéntricos, sumisos, que no le hacen bien al mundo, así es como tenemos la realidad que tenemos. Esta gente ensucia el mundo, yo sólo me encargo de limpiarlo y disfrutarlo. 

La próxima víctima que me pregunte ¿Por qué? Le voy a decir eso – porque soy un adicto a la sangre y usted es un estorbo para este mundo. Igual, sé que es al pedo, porque el humano tiene la particularidad de saberse uno más, de saber de su insignificancia en el mundo, pero de poder engañarse a él mismo creyéndose que es importante o imprescindible. Ninguno me va a creer que es un estorbo, son demasiado humanos para poder aceptarlo. Pero bueno, supongo que al menos van a morir con una duda menos, esa sería mi buena obra del día ¿no?