and I say

wake up and be ~

domingo, 10 de noviembre de 2013

Calambres en el alma ~

Nos reímos porque lo necesitábamos, nos hacía falta, lo ansiábamos con todo el corazón y cuando nos reunimos utilizamos cualquier excusa para desatar las carcajadas ignorando el nudo en la garganta. Incluso brotaron lágrimas de felicidad de nuestros ojos, así de fuerte, estallaba más allá de nuestro cuerpo. Tomamos el momento, lo hicimos nuestro, pero sabíamos que la inconmensurable belleza deviene de lo efímero. No queríamos que termine, hicimos lo imposible para que perdure ese brillo en nuestras miradas donde las lágrimas de culpa querían escapar. Culpa de sentirse tan bien pasando por una circunstancia tan delicada. Entre los ecos, ya no estabas. Entre tu ausencia y aquel peso que quebraba los hombros, empezamos a desnudarnos y a mostrarnos de verdad. Poco a poco, palabra a palabra, mirada a mirada, entre movimientos de manos, café y la voz quebrada, se dejó ver la honda tristeza. Hablamos porque lo necesitábamos, nos hacía falta, lo ansiábamos desde el comienzo de la noche, poder desatar el nudo y poder deslizar letra por letra todas esas marañas de pensamientos que nos rondaban la mente hace días, días y días, esperando poder gritarlo sin gritar, decirlo sin decirlo, el miedo era poderoso y con él llegó afrontar una realidad que no queríamos que exista, que esté ahí. Porque no sabíamos qué hacer, cómo solucionarlo, porque no podíamos ser héroes y heroínas de alguien más allá de nosotros mismos, no podíamos hacer nada para salvarlo. Cuánta impotencia, indignación, cuánto sentir que ya no cabía en el alma, que ya dolía de su intensidad. Hacemos lo que podemos, intentamos, nos comprometimos a hacer, accionar, a tratar, quizás así podríamos lograr algo. Pero yo sabía que eso no bastaba, porque no era nuestra decisión. Lo mastiqué alrededor de una hora hasta que lo dije, el silencio fue tan denso como un golpe directo al pecho. No quiero aceptarlo, pero es verdad. Cuánto pueda, haré, pero no corre por mi cuenta, ni por la de ellos, sólo él puede hacer algo. Puede siempre que quiera, y asusta la idea de que no quiera, de que no se de cuenta lo importante que es, de que ya no sonría ni se ría cuando nos reunimos utilizando cualquier excusa para desatar las carcajadas ignorando el nudo en la garganta. Cuando la presencia es ausencia, cuando la ausencia es desoladora, cuando ya no sabes qué hacer. Queres, queres saber, queres tener una respuesta, queres hacer magia y que simplemente desaparezca, cargar con el dolor ajeno tan solo para verlo sonreír otra vez. Porque te das cuenta, que esa dulce sonrisa que se forma en sus labios es una falacia. Tragas humo, tragas dolor, tragas alcohol, tragas lágrimas, te sofocas en cualquier placebo que pueda hacerlo más llevadero. Querer abrazar tu sombra esperando que al menos un poco de todo este amor llegue a vos. No queda nada, más que la sensación de angustia. Si tan solo pudiera, si tan solo pudiera. Pero no, no podes. Asimilar la impotencia te destroza. Entonces, aguantamos como siempre, callamos, y así el nudo se forma aún más potente, esperando otra noche. Quiero una noche donde las risas no sean para olvidar, sino para recordar la dicha de estar juntos, de la vida, de que nos tenemos unos a otros, porque nos tenemos, aquí estamos, y nos abrazamos dándonos fuerza para seguir adelante. Y así, seguiremos, como siempre quizás hasta el día que no seamos más que una sombra que nadie puede abrazar.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Siempre todo estará bien ~

El presente tiene esa particularidad de percibirse intensamente, cuando desde ese pequeño e insignificante punto miramos hacia atrás todo parece más liviano de lo que fue y cuando proyectamos o tratamos de enfocarnos en el futuro, todo parece inalcanzable. En el momento, suele parecer de vida o muerte, que nunca vas a salir de ese poso, que esa intriga no será resuelta, el duelo no finalizará, el miedo se ve imponente y nos hace su puta esclava, nos sentimos débiles e incapaces, entran las dudas, se formulan y re-formulan preguntas; en el momento, lo sentimos como amplificado, más fuerte, más pesado, más intenso, sí. Pero si lo pensamos, en aquel ayer estábamos igual y seguimos adelante para darnos cuenta de que hayamos conseguido o no lo que queríamos, estamos bien o al menos lo estaremos; es una fórmula simple: si queres estar bien, tarde o temprano, vas a estar bien. Todo aquello tan urgente y tan extremista se ve con cierto melodrama; a veces pensé, por qué no lo tomé con más calma siendo consciente de que pase lo que pase, voy a estar bien. Porque quiero estar bien, todo va a ir bien y de alguna forma voy a dar vuelta todo el tablero para que el jaque mate lo haga yo, y a vos, te va a caber una bocha. Ayer protagonizaba un melodrama que hoy me parece insulso o sí, fue jodido, pero no fue para tanto; la lluvia de asteroides ya pasó, no fue para tanto. Entonces quizás haga bien, pensar un poco menos o enfocar la mente en lo positivo, sentirse menos presionada y dejarse llevar un poco por lo que pinte y algo va a salir, si sé que salga lo que salga, yo voy a tirar magia, todo va a estar bien. Eso, es lo que debería repetirme todos los días, ya que antes lo leía día a día en el pequeño techito de mi vieja cama: pase lo que pase, siempre todo estará bien. Porque sí, es simple, si yo quiero, puedo. No cabe duda entonces, voy a poder; las causas perdidas siempre serán mis favoritas porque poco es tanto cuando poco necesitas y entonces te das cuenta, que todo se fue con el huracán; ahora es tu turno, de volver a empezar. Vamos, cambiemos las cosas de una vez por todas. Después de todo, se resume a algo muy básico: encontrar la forma de ser feliz. Y si yo ya sé cómo ser feliz ¿qué tanto tengo que pensar? sólo a una cosa hay que darle la vuelta, al cómo, al medio, pero el resto, posta, de verdad, es historia.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Madrugadas perfectas ~

Hay un momento de la madrugada que es perfecto; no es siempre a la misma hora, tampoco podemos apreciarlo todos los días. Es como si el espacio y tiempo se vieran alterados, mi alma flota en una eternidad que se siente liberadora y llena de paz. Las pequeñas luces danzan y embriagan mi habitación con calidez, yo salgo de viaje con ayuda de mis auriculares que me hacen sentir dentro de cada canción. La música y su efecto placebo, tengo debilidad por las bandas de post-rock que con su armonía me hunden lentamente hasta que puedo visualizar el fondo de aquel lago del sur, donde el azul parecía cielo y todo estaba en su lugar, se sentía más real. Bebo un sorbo más de cerveza, el alcohol en la sangre me genera cierta tranquilidad y mi cuerpo es liviano como el suspiro de una persona cuando se siente realizada. Las burbujas a contraluz, la memoria se encuentra con la nostalgia y entonces florecen imágenes de aquellos momentos preciados y que se sintieron tan perfectos como ahora. Aún así, no hay pasado ni futuro, no hay más que esta eternidad, arrebatando de mi mente todos los miedos, inseguridades y presiones, hasta que me encuentro llena de felicidad y paz, sabiendo que al menos en este bendito momento no hay nada más y no tengo necesidad ni quiero otra cosa que lo que siento y estoy viviendo, logrando que el ser sea libre. Después de que pasa, se siente una pequeña tristeza, no porque haya duda alguna de que otro momento perfecto llegue, sino por el hecho de que a veces todo aquello que está en el medio, se siente insulso. Excepto, claro está, por esas otras perfecciones, que no se dan a la madrugada sino cuando abrazas a una persona amada, ves sonreír a un niño o el cielo a través de las ramas de un árbol, escuchas la lluvia o te reís tan fuerte que sentís que nada más importa.

jueves, 31 de octubre de 2013

Las hadas existen ~

Qué tan natural es sentirse incomprendido; tengo dos visiones respecto a eso. Una de ellas es bastante simple, la llamada incomprensión es una barrera ficticia que ponemos entre nosotros y los demás. La otra, es bastante triste si la pensas, y es que en realidad no existe el entendimiento, la comprensión se logra con mucha profundidad, confianza y empatía por lo cual lograrla realmente con alguien es bastante complicado. Tenemos un mundo lleno de millones de seres humanos, pero parece que siempre nos cruzamos con personas que no pueden comprendernos. Entonces ahí apelo a la primer simple opción, y es que se trata de ese muro que levantamos invisible frente a nosotros. Si lo pienso, con la cantidad de personas que están vagando por el mundo ¿es tan difícil encontrar a alguien que nos comprenda? parece una situación de película o novela. Digamos que las probabilidades en sí parecen altas pero al mismo tiempo son bajas. Sí, hay millones de seres humanos en el mundo, pero ¿con cuántos nos relacionamos de verdad? Entonces ahí pienso, bueno, quizás no es que mi coraza es tan resistente y ni siquiera yo puedo verla, sino que convengamos que sí, no conozco ni me relacioné con un grupo tan amplio de seres humanos como para decir "nadie me comprende" y pensar que es algo imposible de que suceda.

De todos modos hay una realidad, el sentirse incomprendido es una emoción que nos hace sentir solitarios, nos agobia y la tristeza se hace presente - aunque a veces pienso si alguna vez está ausente, ya que hasta en lo más bello y sublime hay un margen de tristeza. Creo que es como sentir algo muy fuerte dentro de uno y no saber expresarlo, o expresarlo y sentir que el otro te mira con cara rara sin comprender ni un poquito o a medias lo que estás diciendo. Pero no es eso lo que quise decir ¿te das cuenta? está todo a medias tintas, no ves el punto, crees que lo ves pero me doy cuenta que no, no lo ves. En mi caso, llega con eso una inevitable sensación de estupidez e impotencia. Me siento algo absurda al no poder hacerme comprender por otro, supongo que asumo una especie de culpa al respecto. Quizás es una forma de escudarme en darme cuenta o mi negación a creer que la otra persona es perfectamente capaz de comprenderme, pero soy yo la que no lo expresa bien o simplemente hay algún problema - de los infinitos - de comunicación entre nosotros.

Para las personas que como yo, pasaron la mayoría de su vida sintiéndose incomprendidos, no nos es difícil caer en cuenta nuestra relación con el arte ¿no? O eso creo. Cuando era chiquita me sentía tan diferente a todos los demás niños de mi edad, tan en otro nivel, otra frecuencia, otra dimensión incluso. Sí, bueno, obviamente me aquejaban complejos, miedos y conflictos típicos de un ser de esa edad, pero lo digo más allá de eso. A mí me ha pasado, durante muchos años, el hecho de sentirme increíblemente sola porque no podía conectarme con los demás. No podía porque nuestros intereses, forma de ver el mundo, mambos existencialistas eran distintos; en realidad yo sentía de pequeña que los demás carecían de pensamientos así y me sentía bastante rara por tenerlos. Del mismo modo que me hacían sentir una extra-terrestre por jugar con mi imaginación o ver dibujitos cuando tenía como 12 años. Ahora, es graciosa la forma en que esto está tan aceptado hoy por hoy donde las personas de mi edad podemos ver dibujitos y eso es "cool"; pero cuando yo era chica, me hacían sentir una loca por eso, por no estar pensando en chicos o queriendo adelantar etapas que yo no quería vivir aún porque estaba en otra. Ahí ya no es tan difícil comprender por qué de tan chiquita escribía.

La primaria fue cruel, mis compañeros eran muy denigrantes e hipócritas; eso no solo lo veo ahora, lo veía en aquel entonces, pero a la distancia puedo comprender qué tan necesitados de atención, afecto o de sentirse alguien atacando a otros, estaban esos pobres chicos que me miraban desde arriba porque en realidad se sentían ínfimos. Pero bueno, pasó, como pasó un secundario también donde nuevamente estaba yo siendo diferente a la mayoría, con la diferencia de que había otros diferentes a la mayoría y podíamos agruparnos a ser diferentes. Eso lo hizo más liviano en alguna medida, y también ayudo mucho a aceptar quién era y que estaba bien, ser rara ante los demás mientras yo me sienta bien y real conmigo misma. No es como si anteriormente hubiera dudado de ser quién era, pero a veces entre lágrimas a la almohada, había deseado poder ser un poco más como los demás y no sentirme tan extraña e incomprendida, no verme a mí misma como un rompe-cabezas que era difícil de armar o a nadie le interesaba ver qué había detrás dé.

Creo que cuando sos chico o estás en plena adolescencia es muy habitual sentirse más presionado por la falta de comprensión o de apoyo, de consentimiento, de que alguien te diga "hey, todo está bien". De alguna forma no te vales del todo por vos mismo, entonces las dudas te atacan, no tenes una tabla para medir ni valores concretos para poder darte un valor. Aunque, en realidad, no necesitas nada de eso, pero al principio es útil, no vamos a negarlo. La cuestión es que, no se queda ahí, porque creces y empezás a ser un adulto, a tomar tus decisiones, a planear tu vida, a concretar objetivos pero así y todo, aún estás ahí esperando que dada la mágica ocasión, circunstancia y momento, puedas abrirte, expresarte y que del otro lado haya un otro, un otro que no sé quién es, podría ser cualquiera, pero que te haga sentir comprendido. Supongo que los amigos cumplen bastante ese rol, en algunos casos las parejas - deberían, me parece - y la familia. Pero siempre se siente como a medias tintas, no sé bien por qué, quizás porque no somos del todo compatibles con todos, y hay cosas que unos comprenden pero otros no, partes que sí y partes que no de uno mismo. 

Puede ser que buscar una persona que nos comprenda al cien por ciento sea una fantasía, yo a veces pienso que no es tan loco; quizás es porque siempre me repito que si los niños no creen en las hadas, las hadas no existen y entonces no hay polvo de hadas, no podes volar ni ir a Neverland - o el país de nunca jamás, como prefieras. A veces me hace sentir un poco boba pensarlo así, tengo que creer para que suceda ¿sino cómo voy a verlo? posiblemente lo niegue o busque justificaciones para hacerme ver que es una falacia. Como de costumbre, las contradicciones no faltan, las dos corrientes en mí se chocan entre sí y ambas se sienten reales y auténticas ¿se supone que deba elegir alguna? ambas son parte de mí, ambas caras son mías. Quizás sea un sueño, como algunos dicen, pero no puedo dejar de creer que puede ser verdad, que puede pasarme. Definitivamente estar a la espera de que suceda, tampoco está bueno, porque termino por sacar de mi vida todo aquello que no siento suficientemente bueno; tampoco me conformaría con algo mediocre, pero hey, es un poco complejo como para hablar de posibilidades cuando las hay infinitas y cada acción es circunstancial. 

Todo esto venía a que, claramente no estoy segura de por qué me siento incomprendida hace tanto tiempo, como una persona a la que los demás no pueden ver; a veces creo que es porque me siento despreciada o no apreciada por quién soy. Es posible que muchos digan ego, pero no pasa solo por el ego, muchachos. Es algo así como sentirse invisible ante los ojos de todos, que por momentos, pueden vislumbrar quién soy pero como tanteando en la oscuridad. Tampoco es que yo sepa con certeza quién soy, pero después de tantos años ensimismada y en soledad, supongo que una idea me hago. Por momentos esa sensación o emoción es molesta, dolorosa, y se torna insufrible a veces, al punto de que me siento realmente inalcanzable, y el problema es que quiero que me alcancen. No sé si es una pared, si es que no conocí a suficientes personas de las millones de millones, si en realidad soy yo la que se escapa o lo que sea. Pero pienso cuántas veces desee con toda mi alma que alguien pudiera verme a los ojos y saber que estoy ahí, poder abrazarme y comprenderme de verdad; me ha pasado, pocas veces pero me ha pasado. Supongo que esa es una de las razones por la cual amaba a mi abuela, ya que ella tenía como un don default para comprenderme.

Quizás sí, es que somos millones y millones, solo tengo que esforzarme un poco más. Mientras tanto, siempre acaricia el alma poder entregarme acá, en esta maravilla del arte, mientras tomo un té, las horas corren en plena madrugada y me siento a observar el mundo con la creencia de que se puede. Sino, bueno, habría que aceptar que las hadas no existen pero yo no quiero un mundo sin hadas.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Ayunar pensando ~

No lo voy a negar, no sé qué pasa. Estoy bien pero estoy mal, no doy más pero tengo muchas ganas de cambiar todo. Vivo contento con el corazón triste; sí, ya lo entendí, es bastante simple. Es complicado igual. No entiendo nada. Por momentos ya no sé qué hacer, cómo generar acciones que conlleven a un cambio que me haga sentir más bien que mal, no tan confundida, no tan abrumada. No me entiendo con la mayoría de las personas, tampoco me termino de entender conmigo. Con los únicos con los que me conecto bien y felizmente son los animales. Quizás es porque no hablan ni opinan, porque no tienen la capacidad de ser pelotudos. O la hoja, pero la hoja me ayuda a ordenar mi cabeza para trasladar todo a ella. Aunque a veces, como ahora, es solo estallar en ella, tirar magia y que sea lo que sea. Hay tantas cosas que me hacen mal, que me entristecen, que me parecen injustas, que no sé qué hacer, que me hacen bien y sonreír, que me hacen amar la vida. Esta contra-corriente bastarda, contradicción impotente que siento. Quiero resolver, quiero estar bien, tengo muchas cosas que hacer. Mi cabeza no da más, no dejo de pensar, no me puedo ni dormir. Me da miedo la incertidumbre, hoy. No sé a dónde ir, no sé a dónde quiero ir, ni qué hacer, no sé absolutamente nada. Dudo de todo. Por primera vez en toda mi puta vida siento que no sé nada ni sé qué hacer en absoluto, ni una punta, nada. Soy una confusión ignorante con patas. Pero, también, pienso que está bien. Este caos es muy fuerte, muy fuerte porque el orden lo rompí, agarré todo y posta me zarpé tirándolo a la mierda. Se siente, un poco, como la grieta en el cascarón ¿será real? Será que estoy tan aterrorizada porque veo en los milímetros de la supuesta grieta un afuera con claridad que me da vuelta. No sé, aunque estaría bueno eso, sería un avance. Avance a no sé dónde, yo siempre creí que salir del cascarón era algo que me haría bien, libre. Y qué si las cosas no son como las espero. O lo que no espero está bueno también. Ya no sé, pierdo cada día un poco más y gano bastante. La habitación se ve cada vez más vacía, es raro. Me siento bien pero estoy mal, estoy mal pero me hace bien. Alguien me dijo que vaya al psicólogo, no sé, es una idea. ¿Cómo le explico al futuro hipotético psicólogo lo que me pasa? Ni siquiera me lo sé explicar a mí. En tres horas me tengo que levantar, no puedo dormir, Godzilla ronca y me molesta, tengo la nariz tapada, unas leves ganas de llorar, doy vueltas en la cama escuchando Beirut y ya no doy más. Basta, sí, basta pero no, de alguna forma está muy bueno esto aunque sea un batiquilombo. Algo va a salir, cuando salga veremos cómo la manejamos. Pero ya está, no voy a seguir descargando algo que vengo repitiendo sin saber como decir. Tengo que hacer ayuno y tengo hambre. Voy a ver Breaking Bad y a tomar agua. Si me da sueño, que maravilla y sino no será el primer Viernes lleno de cosas por hacer en el cual no pegue un ojo por no dejar de pensar tanto.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Diario de un alma nº42

Hola. Acá estoy yo. Entre estas palabras y las letras, se forman mis ojos. Te estoy mirando, pero lo más importante, es que vos, sin darte cuenta quizás, estás entrando en mí. Entre las líneas, voluptuosas manos te van agarrando. Vení para acá, te estuve esperando. Dejate llevar, vamos a explorar algo, vos y yo. ¿Sabes qué es lo interesante? Como un río, nos vamos arrastrando por la corriente de la voz en tu cabeza mientras me lees hasta acá, dentro, interno. Un túnel de recuerdos, sueños, anhelos y ganas de tantas cosas. Acá estamos, descubriendo este sub-universo. Para mí también es un descubrimiento, porque hay demasiadas cosas nuevas y desconocidas para mí de mí. De repente, como quien no quiere la cosa, me voy dando cuenta. Qué lindo que es esto y que linda que es la vida. Cuando sin saber bien cómo ni por qué, entendes y reconcilias la paradoja, ves con sublime claridad aquello que tantas veces se veía tan turbio en el fondo del estanque donde navego hasta encontrar por momentos, bajo el agua, un poco de aire para seguir bajando, hundiéndome en mí misma. Entonces, ese aire no es aire ni es más que esas pequeñas cosas que hacen que todo tenga sentido. No es más que la música, un árbol y como sus ramas hacen que el cielo se aprecie hermoso a través de ellas, las nubes y sus formas, la sonrisa de un desconocido en plena calle o tren, un padre tomando de la mano a su hijo, una persona que tiene miedo porque en su vientre crece una nueva vida, la perra durmiendo sobre mi cama llenándola de pelos, pero qué importa si se ve hermosa, es hermosa y su paz me llena el alma, sus ojos cerrados, la forma en que sus patitas se acomodan y se hace un bollito de pelos y me transmite tanta satisfacción, el abrazo a alguien que quiero o cuando me doy cuenta que dije boludeces y me animo, porque me cuesta, me animo a acercarme a mi mamá y darle un abrazo y ella no pide explicaciones, sólo pregunta si estoy bien y en sus palabras sinceras siento su amor, el sonido que hacen mis pies al caminar, caminar en pleno atardecer, ver las calles vacías y llenas de hojas, la lamida en mi cara cuando llego a casa de las perras y la forma en que saltan hasta mí para darme la bienvenida, un amigo invitándome a jugar y compartir unas horas de nuestras vidas para divertirnos juntos y reírnos un rato, olvidarnos de todo, los mensajes de los amigos que están mal o les pasa algo o quieren saber qué me pasa o incluso de un desconocido que sin razón aparente se preocupa por mi existencia, como se siente el agua cuando me ducho y las marañas que desenredo mientras le paso shampoo a mi pelo de colores, un suspiro, el sonido de las teclas de mi teclado mientras escribo esto, la máquina de escribir cuando escribo en ella, una palabra, una sonrisa, un silencio, los ojos que te miran y te ven, de verdad te están viendo, aquella compra super consumista y capitalista que por alguna razón gastar plata que tanto te costó conseguir en una boludes que te hace feliz, bueno, simplemente te hace feliz, las fotografías de las personas que ya no están ya sea porque se fueron o ya no son las mismas pero siguen estando, los mensajes en papel que guardo, tomar un sorbo de agua, respirar, saber que estoy acá, estoy viva y esto es hermoso, en cada una de esas cosas y las trillones que no digo. Pensar, sentir, creer, querer tener la certeza de que mientras me lees, te hundís conmigo y podes sentir aunque sea un poco, o mucho, o lo que sientas, si es que no te sentís como yo, el hecho de pensar, creer, querer que sientas un poco la dicha, la fortuna, el amor que siento por estar viva para que vos también te sientas feliz de estar vivo. Porque para eso escribo, para eso nos estamos hundiendo, para eso te hice ver dentro mío y por eso te estoy mirando, tratando de que entre las lineas, los puntos, las palabras, las letras, los conceptos y algo de todo lo que conforma la prosa, la poesía, esto que estás recitando en tu cabeza con la voz que te plazca se sienta auténtico, real, verdadero, porque lo es, porque llegamos al centro, porque estamos en mi alma y yo estoy danzando, sonriéndo, dándote todo de mí, a vos, que estás acá, conmigo, aunque me conozcas o no, ahora, tenemos un pacto entre nosotros. Ahora, tenemos que sonreír, antes o después, o a la cuenta de tres, porque hola, estamos vivos y eso es hermoso ¿no te parece?

lunes, 15 de julio de 2013

Vagando en la habitación laberinto sin tiempo ~

Me encuentro en un espacio sin tiempo, siento como todo está detenido. Puedo ver friends, escuchar los beatles, cantar, sonreír, pensar y reflexionar, tomar mis decisiones, y si no fuera por el reloj, creería que el tiempo no pasa. Quizás deba deshacerme de ese artilugio que me condena a pensar que todo se va de mis manos. No quiero prestarle atención, no quiero saber qué hora es. Sólo sé que acá estoy yo, bailando por la vida, divirtiéndome un poco, vagando en mi laberinto pensando si acaso debo encontrar la salida o modificar el laberinto, quizás crear una salida o directamente desaparecerlo. Mientras me decido, muevo mis manos y mi cabeza al son de una canción que me hace bien. Quizás muchos no puedan verme, pero qué más da, yo sé que acá estoy yo, caminando en círculos, tratando de volver a salir, quizás hacer una grieta en el cascarón.