and I say

wake up and be ~

lunes, 3 de febrero de 2014

Terminal ~

Ya casi es la hora, ya casi son las seis - pensó y estiro su mano al cigarrillo que con su humo hacia siluetas buscando el cielo pero la ventana no le permitía salir. Dio una pitada y largo el humo hacia el techo tratando de medir qué tanto le faltaría para alcanzarlo. Todavía no está agonizando pero lo apaga y las siluetas desaparecen lentamente. En la mesa, la taza parece estar vacía pero guarda en ella, un último pequeño sorbo.  Alza la mano y el papel se posa sobre la mesa, y después otro papel pero con colores. Mueve los dedos de sus pies dentro de los zapatos de charol, como preguntando - ¿están listos? - y entonces se pone de pie. Pie y pie para caminar al igual que para subir escaleras, pero hoy nadie lo persigue salvo él mismo. Toma el bolso por la manija, está tan liviano comparado con todo lo que lleva dentro; algunos pensarían que es solo ropa pero hay demasiadas posibilidades ahí dentro. Las personas pasan a su alrededor fuera de foco, no hay nada en su mente ni en sus ojos que no sea la puerta; ahí vamos, vamos. Se detiene, a punto de cruzarla, regresa y da el último pequeño sorbo, ya está listo. Qué vacía quedó la taza, qué lleno está el bolso, qué vacía se ve la vida hacia el frente después de la puerta, que completo se siente su pecho. Cruza, ya son las seis, corrobora con su reloj - ya es hora - afirma y frente a él el mundo es una pálida hoja. Da el primer paso, da el primer sorbo.

sábado, 1 de febrero de 2014

Capsula del tiempo ~

No puedo evitar pensarte ¿dónde vas a estar? posiblemente llegues tan lejos como te de el alma que pegaste con ese chicle sin sabor de tanto masticar y le pusiste un poco de brillantina, ahora descolorida. Decoraste el lienzo, con tinta, humo, besos, prendas, miradas, metales preciosos y de los que no también, con un deseo que se realizó, tanto amor como la muda violencia que se acumuló en cada rincón de tu piel y se deslizo hasta los huesos. Desde la raíz, estiras y lo retorcés ¿dónde está el fondo? y por qué será que no lo encontrás, si después de todo fue por eso que bajaste y comiste tanta tierra; pero no fue suficiente y posiblemente nunca lo sea, así que tenes que ir pensando en conseguir un poco más de brillantina esperando que no se destiña tan rápido esta vez. Seguramente pienses en mí, en algún momento, una noche solitaria y oscura, mientras las manos buscan pasar de página, o los ojos se hunden en imágenes creando movimiento, quizás tu boca esté seca y taciturna, o en los labios de algún amante que puede ser todo como ser nada; son muchas las posibilidades para enlistarlas pero cuando suceda será porque en parte ya estás lista, y ya conseguiste parte de lo que pretendías, cuando yo partí hoy por vos, y vos vas a partir también, porque no sos más que una alegoría del futuro presente; sos tan efímera como las ideas en mi mente que se alzan y repentinamente entran en frecuencia sintonizando la claridad de la eternidad. Todo lo que tenía para vos, ya lo tuviste, y ahora es cuando vos nos das algo a nosotras; llegará, tarde pero llegará, sé que sí, porque confío en tus ojos como almendras en una mesa de navidad y en que el anhelo es tan fuerte como la cabeza que se da con la pared, el suelo, las ventanas y todavía sigue, sigue, sigue entera, no va a parar hasta que no haya más nada que golpear. No creo que se pierda la señal, por favor encontrame y aunque no pueda escucharte, contame qué tan bien estás, cuánto hicimos y si podes, recordame como estoy ahora y sentite feliz de ser lo que sos.

jueves, 16 de enero de 2014

Vendedor de humo ~

Si yo compro cepita de manzana, lo sirvo en un vaso y tiene sabor a naranja, me siento estafada, decepcionada y me molesta no tener lo que al fin y al cabo, elegí. Vos hiciste exactamente lo mismo; dijiste y te enorgulleciste de ser alguien que no sos, o que no demostras ser conmigo. Y lo peor, es que me parece que no te diste cuenta. 

domingo, 5 de enero de 2014

Madrugadas con Toe ~

Talk talk talk. Me parece que hablamos mucho y no medimos las palabras. La mía mide tres metros con treinta y tres centímetros, la tengo grande así que si tenes problemas de inseguridad quizás debas buscar a quien la tenga más chica. Lo mismo da, igual, porque la medición es absurda y circunstancial, parte del contexto texto que vivimos en este tiempo. Para saber tu reacción, tengo que hacerte reaccionar. Quiero ver como tus ojos miran o como tu boca se tuerce cuando digo las cosas, observando cada detalle, porque me dice mucho más que tu intento de comunicación. Yo te coloco contra mi palabra y el borde del abismo, quiero ver si saltas o blandís tu espada vengadora con tu capa azul y el pelo hasta los hombros, fantaseas como yo y nos vamos de viaje al micro-cosmos de una gota de lluvia en plena tarde, tipo dieciséis horas, de verano un domingo en el cual no hiciste otra cosa que dormir mucho, pensar y colgar pensando. Pensar mucho es un problema, sí, porque te complicas, nena, te complicas y a nadie le interesa entenderte. Hacela más simple, sé más viva, pibita. Y cuál hay si me gusta ser como soy, no me interesa que me aceptes porque llevo años lidiando con la idea de que no sé ser lo que queres de mí, si de todos modos vos no sos lo que yo quería tampoco ¿por qué no lo aceptas y te dejas de mambear tanto? Igual es cierto, que a veces en algunas vueltas, me enredo con serpientes, me da veneno y me quedo paralizada pensando en que era mejor saltar la escalera, salir por la ventana y abrir la puerta. Pero escuchame, yo ya lo decidí, voy a ir por mi vida creando momentos, dándome con el alma, haciendo lo que sienta y piense, y bueno, lo que venga de eso lo espero con brazos abiertos porque por algo llega a mí, y depende de mi perspicacia y mi skill de tirar magia como manejo el viento en contra, las bombas del barco enemigo, las mareas peligrosas que me marean y las tormentas de fin de siglo. No entiendo qué te preocupa, por qué no te subís a mi barco y vamos a explorar un poco la aventura de vivir tantos sub-universos como podamos, el viaje es uno y yo quiero sonreír ante todo ¿vos no? Hablamos mucho, hacemos extensos monólogos como este y no estamos yendo a saltar para abrir puertas saliendo por la ventana y eso, de onda, pero no tiene onda. Pensemos menos, actuemos más, hablemos desde el alma y si la lluvia me hunde entonces aprenderé a nadar y me construiré una balsa que me lleve a naufragar de nuevo, ya fue. Yo te invito, el resto depende de vos.

lunes, 23 de diciembre de 2013

El pequeño monstruo ~

Había una vez - como siempre - un pequeño monstruo que vivía en un bosque encantado. No provenía de allí, pero ese paraíso de la naturaleza era su hogar, su verdadero y único hogar. Muchos podrían decir que estaba solo, porque no había otros monstruos, pero estaba más que acompañado. El cielo, el sol, la luna, las nubes, las estrellas, los árboles, las plantas, las flores, el pasto, el lago, las rocas, la tierra, todo insecto y animal, estaban con él; también habían seres sin forma física que le contaban historias y con quienes salía a jugar. Era feliz en aquel lugar, todo le daba paz y la pureza del aire le llenaba los pulmones con la hermosa sensación de sentirse vivo. Aprendió a compartir, a cuidar a sus amigos y su entorno, a ser independiente, a expresarse, a dar y recibir todo lo que tenía, que no era otra cosa que él mismo. Pero un día, cuando se adentró a explorar la oscuridad y profundidad de una cueva, se lastimó el pie. Lejos del cielo y todo lo que conocía, el pequeño monstruo tuvo miedo. 

No veía nada más que infinita oscuridad y aunque sabía que las rocas y el polvillo, la tierra, estaban con él, se sintió solo. Solo con su mente y su alma, empezó a naufragar por pensamientos que nunca antes había tenido. La existencia, la vida, todo lo que le quedaba por ver y conocer, el asombro y el temor a lo desconocido. Intentó salir, con mucho dolor se deslizaba sobre sus pasos pero no llegaba a la salida. Tenía hambre, estaba exhausto, la oscuridad era tan penetrante que sentía que podía dormir con los ojos abiertos. Así fue como ya le costaba diferenciar si estaba dormido, o si estaba despierto; incluso el paso del tiempo le resultaba confuso, ya que sin la luz no podía distinguir si era noche o día, las horas pasaban como días y los días como años. Llego un momento en el que había pasado tanto tiempo, o al menos eso sentía él, que no estaba seguro si su vida en el bosque había existido o acaso la había soñado. Cuando empezó a perder la esperanza, unos ojos brillantes se posaron sobre él, grandes y verdes. El pequeño monstruo estaba contento, al fin no estaba solo, y a su vez, se sentía algo amenazado. Aquellos ojos lo observaban desde lejos, nunca se acercaban y no importaba cuánto intentara llegar a ellos, siempre se movían y estaban lejos de nuevo. Habló, después de mucho tiempo; su boca había estado tanto tiempo sellada que se sintió pesada y sus labios se movían con lentitud. ¿Quién sos? - le preguntó - ¿Por qué no me dejas verte? Pero el silencio reinó y no tuvo respuesta. 

Rodeado de oscuridad y silencio, el pequeño monstruo empezó a reflexionar y pensar en toda su experiencia; también notó que el silencio lejos está de ser mudo, más en su aparente vacío encontró palabras. Sus dudas y preguntas oscilaban de un lado a otro en su mente, hasta que al fin dio con una respuesta. Lamió su herida y la abrazo con sus manos, dejó de moverse y esperó, esperó a sentir fuerza en su cuerpo de nuevo antes de buscar salir otra vez. No increpó ni buscó más a los verdes ojos brillantes, solo se quedó allí, sentado, abrazándose y esperando, esperando el momento. Cerró los ojos y se hundió en un sueño, recordó su anterior vida en la cual todo era feliz para él y se sintió bien, pero a la vez, sentía que ya no era lo mismo y no tenía el mismo sabor. Lo sentía algo irreal pero al mismo tiempo, mucho más fuerte. Cuando abrió los ojos vio los ojos verdes brillantes frente a él. No dijo ni hizo nada, solo se quedó mirándolo lo que pareció ser una eternidad. Entonces llegó el momento, sabía qué tenía que hacer; se levantó y camino dolorido con paso firme, sin mirar atrás, sin pensar en otra cosa que la luz de la salida, del exterior, de su hogar. Caminó y caminó, sin detenerse, sin flaquear, sin pensar en otra cosa que en el cielo nocturno y la luz de la luna acariciando su rostro. No perdió la esperanza porque ya no tenía esperanza, tenía la certeza de que saldría, esta vez saldría y todo sería diferente, nada sería como antes, y eso estaba bien.

Cuando quiso darse cuenta, sus ojos, tan acostumbrados a las profundidades, parecían quemarse de tanta luz; sin embargo en su cuerpo sentía la brisa, en su nariz el olor a pasto mojado, en sus pies sentía a las hormiguitas que lo saludaban. Caminó, ciego, por el bosque hasta llegar al árbol más grande y antiguo. Se sentó en sus raíces y cerró los ojos, al igual que como había hecho en la cueva. Esperó y esperó, cuando sintió la noche, los abrió y podía ver, en la oscuridad, otra vez. Temió entonces, acaso será que ya no podría ver la luz sin enceguecerse. Se alimentó, se baño en las frías aguas del lago, ayudó a sus amigos y charló con los seres de la naturaleza, les contó su historia y ellos le contaron la suya, lo habitual. Cuando llegaba el amanecer, otra vez la luz parecía lastimar sus ojos, y el dolor era insoportable. Cerró los ojos de nuevo y fue así, cada vez que el Sol estaba presente; pero siempre que el pequeño monstruo cerraba los ojos ante la presencia de la luz, los ojos verdes y brillantes aparecían dentro suyo, y lo observaban en silencio. Él sabía que sería así, quizás para siempre.

Sin saber si era acaso un sueño, su imaginación o la realidad, se vio de nuevo en la cueva ¿había salido? Pero esta vez no hubo miedo ni soledad. A lo lejos un destello lo guiaba; se dirigió sabiendo qué lo esperaba al final. Otra vez, aquellos ojos, en las profundidades, lo observaban. El pequeño monstruo fue hasta él, y él esta vez se quedó quieto, a la espera. Entonces, lo vio; los ojos verdes pertenecían a una bestia que se erguía ante él, sus dientes eran puntiagudos y tenían un leve rastro de sangre. Lo miro, limpió sus dientes y lo abrazo con ternura. La bestia a pesar de su apariencia, se mostró mansa. El pequeño monstruo guio a su nuevo amigo hasta la salida y cuando salieron de la cueva, se vio solo. Sentía un cosquilleo en su rostro, entonces abrió los ojos, unos ojos verdes intensos y vio la luz del Sol que lo invitaba a buscar una nueva aventura. El pequeño monstruo decidió aceptar la invitación y abandonó todo lo conocido y la comodidad de su hogar, para ir al encuentro de nuevas cuevas y nuevos soles.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Cosasquemehacensentirbien ~

A veces me resulta increíble que tan al alcance tenemos la posibilidad de sentirnos bien, y si no hacemos nada para sentirnos bien al menos cinco minutos no tenemos derecho a culpar a nadie más que a nosotros mismos. Porque convengamos que no necesitamos mucho más que mover nuestras piernas, hacer pie pie y caminar por ahí con o sin rumbo, observar el cielo, escuchar una canción, sonreír, dar un abrazo, acariciar el alma en esos pequeños actos de amor que nos llenan. Podría enumerarlos, pero para cada cual es distinto y cada uno tiene su lista. Mi lista es larga, pero lo que nunca falla es ver alguna película o serie, leer, caminar, el cielo, los animales tan puros, la música, la familia y amigos, observar a oscuras o con lucecitas el techo de mi cuarto mientras estoy tendida en la cama. A veces se pueden combinar, puedo mirar el techo a oscuras escuchando música acompañada de algún amigo, alguien especial o mis perras; o leer algún libro de esos que te giran el universo tirada en el pasto y de a ratos observar el cielo a través de las ramas de los árboles. La cuestión es simple, si no estás bien y no haces nada de tu lista de cosasquemehacensentirbien, creo que no entendiste nada y que deberías permitirte estar bien, aunque sea un rato porque ese rato, más no sean quince minutos, hacen que hasta el peor día, mejore. Hacelo, haceme caso, yo sé que no te vas arrepentir (:

domingo, 1 de diciembre de 2013

nº1

- ¿Sabes por qué sé que no me ves? Porque estoy agonizando y me crees cada vez que te digo que estoy bien.