and I say

wake up and be ~

jueves, 29 de octubre de 2015

video killed the radio star ~

se perdió la señal
y no hay un lugar más alto
al cual llegar;
tal vez a veces
se precisa otra cosa.
quizás es mucho para una sola
antena
o el radio no llega
hasta mi vereda.
a veces hay que aceptar
que estás afuera,
aunque no quieras.
no voy a correr,
no tengo ganas
de llenarme de barro
para que no pase nada.
si el silencio no incomoda
hay libertad,
si al romperlo te molesta
es porque algo ya no está.
prefiero estar sola que desolada
con vos.
a veces hay que aceptar
que estás afuera,
a veces hay que aceptar
que no estás.

domingo, 18 de octubre de 2015

Diario de un alma nº50

Hay algo mágico cuando haces algo por primera vez, quizás aun cuando no existe la incertidumbre de qué va a pasar a causa de una especie de certeza que se tiene sobre los posibles resultados. Y es hermoso cuando el posible resultado aunque sea predecible conlleva como una grata sorpresa emociones no esperadas, o quizás no por no ser esperadas, sino por su intensidad. Es como la primera vez que hablamos y no entendía mis nervios, o la primera vez que te vi y mi corazón dio un salto, quizás la primera vez que te vi reír y me pareciste tan hermoso que daba miedo, o el primer beso que todavía puedo ver como un clip en mi cabeza cada vez que quiero recordar como el simple hecho de rozar dos pares de labios puede acarrear un universo entero detrás. It was only a kiss; pero también mucho más que eso. Tampoco es que las primeras veces sean tan mágicas que opacan las segundas, o terceras, o todas las que siguen, hasta las últimas que serán últimas hasta que dejen de serlo. En cada beso, en cada sonrisa y abrazo, en cada momento que nuestras miradas se entrelazan se sucede la magia, la eternidad en un segundo. Claro que la magia no está en ninguna de esas acciones, ni en nada de lo que pueda decir y aún así the little things you do aren't little at all. Es aquel sentimiento que todo lo envuelve que hace que cada segundo con o sin vos sea mágico, incluso en los días difíciles, el mal humor, las lágrimas y la soledad. Describirlo siempre me pareció absurdo, sobre todo cuando hay una palabra, un concepto, que lo explica todo de forma simple y profunda: amor. Me haces sentir amor, y eso es lo más representativo y significativo que creo podría decirte. I kiss you, you are beautiful, I want you to walk.

jueves, 10 de septiembre de 2015

0000 0001 : 0011 0100

Todos tenemos un mal día alguna vez, de esos donde parece que la vida dirige un complot en tu contra para que se orquesten una seguidilla de sucesos, acciones, palabras y momentos que se acumulan y elevan hasta el punto en que tenes ganas de tirar todo al carajo. Calma, respira hondo, va a pasar. Es bastante cínico y a veces te hace pensar en lo irrelevante que es todo el hecho de que todo pasa, sí, todo. No, no quieras darme excepciones, por un momento seguime el juego. Con ese pensamiento en tu cabeza, te esmeras en ponerle onda, la seguidilla sigue, bueno, bocha de onda, y llega un remate, y la onda te la metes ya sabes dónde. Ok, me cansé, que se curtan todos. No, no te alarmes, esta parte del proceso es genial y no es tan negativa como todos creen. En el momento en que le restas valor a todo lo que te pasa y llevas todo al mismo nivel, heterogéneo, de importancia, molestia y de que se vayan todos al carajo, sucede algo hermoso. Una vez que aceptaste que tenes un mal día y lo ves como lo que es, dejas de querer huir de su existencia, de negar cuánto te pesa y de querer pretender que no te duele. Porque sí, duele, porque sí, te molesta, y sobre todo sí, tenes un mal día y tenes ganas de tirar todo por la ventana e irte corriendo a mojar los pies en la playa. Entonces esa furia asesina, ese enojo mortal y toda la frustración que venís masticando adentro tuyo, encuentra una meseta, se empieza a calmar. Y todas esas pequeñas cosas que pasaban desapercibidas por lo muy ensimismado que estabas centrándote en tus problemas, empiezan a brillar y a acariciarte el alma. La hoja del árbol que cayó frente a tus pies, ese camino de hormigas trabajando en fila, la sonrisa de una niña, el gusto del té, que caiga una gota de lluvia en tu nariz, que el colectivero te cobre menos el boleto porque lo saludaste, que alguien te ponga la mano en el hombro para hablarte, un plato de comida casero, ser el afortunado en comprar el último turrón del kiosko, que venga el bondi cuando apenas llegas a la parada, aquella canción sonando en tu mente u oídos, ese párrafo del libro que estás leyendo, cruzarte con tu vecino y que te sonría, llegar a casa y hacer un capullo de frazadas, que alguien te pregunte como estás y le importe la respuesta, bailar sin darte cuenta siguiendo el ritmo, hacer cruces con las baldosas, encontrar 20 pesos en el bolsillo de la campera, que tu abuela te haya dejado comida en un tapper, y un gran infinito etc que cada cual puede completar a su gusto. Hay rachas, a veces tenemos muchos malos días seguidos y esa parte de calmarse para poder llegar al estado de aceptar lo que es y apreciar los detalles no siempre llega. Y es abrumador, te da ganas de llorar, de alejarte del mundo y esconderte en tu cama, no salir para que nadie tenga la chance de alterarte. A veces esperas que alguien note tu ausencia y casi apelando a la telepatía sepa que precisas que te rescaten, pero pocas veces suele suceder. Cuando sucede es hermoso, porque de repente sentís que el universo alineó los planetas solamente para recordarte que aun podes sonreír y que el poder apreciar los detalles depende de vos, de tus ganas. Entonces, su simple presencia o un conjunto de palabras bastan para hacerme sentir toda la felicidad que me dan todas esas pequeñas cosas que enliste antes; respiro hondo y me siento fuerte otra vez. Yo puedo, me repito. El hecho de saber que hay personas ahí esperando lo mejor de mí, hace que hasta el peor día pueda terminar con una sonrisa.

lunes, 24 de agosto de 2015

Diario de un alma nº49

Ojala pudieras instalar mi universo para que sea un universo virtual en tu propio universo. Sin tantas vueltas, ni complicaciones, ni trabalenguas, ni tanto pánico y correr en círculos que me da la idea de no saber cómo darte todo lo que puedo ofrecerte. Si fuese tan simple aprender tu idioma y que vos aprendas el mío; y no dejar que nuestras propias visiones y vicios deformen la pureza de las palabras, las emociones y las intenciones del otro. Sería menos divertido, quizás, no sería tan hermosa, intensa y excitante aventura, eso es casi seguro; pero en estos momentos donde me siento mi peor enemigo, donde me veo incapaz de llegar a vos y no logro encontrar las simples palabras o el impulso despreocupado de arrebatarte de tu realidad haciéndola chocar con la mía realmente me gustaría no tener que decirlo ni explicarlo, que no tuviese que ser tan aterradora la experiencia de hacerte saber y que seas consciente que todo lo que soy es para vos si simplemente me lo pedís.

sábado, 25 de julio de 2015

Diario de un alma nº48

Me gusta andar sola por la vida en silencio, en medio de un mundo bullicioso en movimiento, observando. Hay tantas cosas pasando al mismo tiempo, tantas líneas cruzándose por un instante frente a mí, historias, momentos. La gran mayoría de las veces me encuentro sonriendo por ver un detalle que parece pasar desapercibido para casi todos. Me da ternura y felicidad poder presenciar un pequeño instante ajeno a mí, que está sucediendo ante mis ojos y que por alguna razón me arrebata una sonrisa. No me siento especial por poder apreciarlo, siento que soy afortunada por poder robarme un momento de la vida de otros y sonreír. Me pregunto cómo se sentirían esos desconocidos si supieran que sonreí por simplemente verlos ser.

martes, 14 de julio de 2015

Recordatorio permanente de la vida nº3 ~

Cuando era chica solía sentirme despreciada por los demás, como si no mereciera que me traten bien, como si fuera una especie de justicia que me maltraten por ser quien era, en todo sentido y aspecto. Ya de más grande, casi adolescente, la única persona que sentía que era amable conmigo y me comprendía, partió en un viaje donde no podía seguirla. Según ella cuando las personas se iban, se reunían con sus seres queridos en una estrella, y desde ahí observaban y acompañaban a quienes se quedaban. Me recuerda ahora un poco a ese diálogo que tiene Mufasa con Simba, ya de grande pude hacer esa conexión, si bien mi abuela lo decía desde antes de que la película existiera. Siempre me pareció una forma hermosa de ver la muerte, un suceso que acaricio de cerca mi presencia alejando a las personas de mi círculo varias veces y a muy corta edad; hubo una época donde estaba tan acostumbrada a ir a los velorios que ya no me producían nada y los comprendía como lo que hoy por hoy sigo pensando que son: un abrazo enorme entre los que nos quedamos acá para darnos apoyo, mostrar que estamos ahí y hasta poder reírnos de aquel suceso trágico. Trágico por su naturaleza porque al menos hasta ahora, no puede evitarse.

Ya de adolescente, todo seguía básicamente igual pero yo ya no era la misma persona. Mi inocencia también había partido y ya no podía simplemente jugar a que las cosas no eran como eran. Fueron momentos muy oscuros para mí, tenía una necesidad de convertirme en esa persona que merecía esos tratos, de tomar el dolor y en vez de capitalizarlo, torturarme con él, ahogarme en él, sufrir, sufrir por todo lo que no era y pensaba que era totalmente incapaz de ser. Se sentía bien, no voy a negarlo, me daba mucho regocijo, sentía que ese era el lugar donde pertenecía.

Con el tiempo me había vuelto una persona incapaz de sentir, estaba tan entumecida y hermética, aun cuando era una excelente actriz en el disfraz para que nadie más que yo lo supiera. Un día me provoqué dolor físico, para ver si lo sentía. Estaba tan asustada de haberme vuelto una cosa insípida, estaba profundamente aterrada, de un modo que quizás alguien que estuvo en una situación similar puede comprender porque yo no soy capaz de explicarlo. Ese día me di cuenta que no estaba atrofiada, que aun quedaba algo de mí ahí, que dependía de mí sacarlo a flote, hacer que brille por sí mismo y alejarme de esa pesada carga que me había dado.

A veces ver los sucesos a la distancia te ayuda a tener la perspectiva para comprenderlos de un modo nuevo; posiblemente en ese momento no era consciente de que hacía o me pasaba, solamente tenía ese ímpetu de alejarme de un lugar donde me había arrastrado sola para salir y estar bien. Esa necesidad de estar mal, de sentir esa justicia sobre mí, la responsabilidad, esa carga, era entonces una necesidad apabullante de sentirme bien, yo, de buscar algo nuevo a lo que conocía. Ahora me doy cuenta que de algún modo comprendí que la primer persona que tenía que ser amable conmigo, era yo misma. Cuando dejas de apoyarte y de buscar tu bienestar, uno tiende a sentirse perdido, o al menos es lo que la experiencia me dejo a mí como lección. No se trataba de que fuese incapaz de sentir, simplemente estaba completamente desconectada de mí misma.

Los años trajeron otras épocas oscuras, con la diferencia de que no se trataba de mí haciéndome sufrir por no contar con el amor, apoyo y amabilidad de otros, sino con un enojo interno e intenso conmigo misma por dudar, por tener miedo, por no permitirme a mí ser feliz, ser quien soy, por no dejarme llevar. 

Hoy me doy cuenta que es natural enojarme conmigo por sentir que me desperdicio pero que no hay muchas más opciones que aceptar que a veces va a costar, que va a doler, que no siempre sabré la manera de ser, perdonarme por no saberlo si acaso me culpo por eso aunque sea un mal hábito. Que quizás el mejor plan de acción no es desquitar mi enojo y decepción conmigo en mí, sino capitalizarlo, darle forma y sacarle provecho: hacer algo con eso que no sea llevarme otra vez a ese tenebroso lugar al cual quisiera no volver nunca más, que no es otra cosa que desconectarme y alejarme de mí. En las buenas y en las malas, quiero estar conmigo, bancarme lo que venga y poner lo mejor para salir adelante como sea. Después de todo, tengo toda una vida por delante de mí estando conmigo. 

Este es mi recordatorio. Pase lo que pase, no vuelvas a alejarte de vos. Habrá momentos más difíciles que otros, pero todo es parte de ese matiz que tanto te gusta, de la intensidad que te encanta sentir, de aquella diversidad que disfrutas que exista. Todo lo que salga de vos, sos vos, y solo es cuestión de abrazarlo y poder asimilarlo. No estás sola, yo estoy con vos. No te abandones, no dejes que nada ni nadie, incluso vos misma, te aleje de eso. Recorda ese tatuaje que te hiciste, es tu recordatorio permanente, no solo una mancha en tu piel, de quien sos y quien queres seguir siendo. 

Hacer lo que amas es una forma de amarte. Amate, amate fuerte, intensamente, en todo momento, con la fuerza que amas el mundo y la vida, de esa forma desmedida que vos sabes que nuestra alma es capaz de sentir. No estás sola, yo estoy con vos y te prometo que nunca te voy a abandonar, pase lo que pase.

lunes, 8 de junio de 2015

No te olvidé

Te aseguro, sin dudas ni dobles discursos, que no me olvide de vos. Puedo admitir que quizás no te tenga presente en cada momento de mi día, pero sos como un río subterráneo que corre debajo de toda la rutina e incluso consciencia. Estás ahí, latente, fluyendo, esperando que baje a desnudarme para sumergirme en vos. No es que no te extrañe, no es que no te precise ni aprecie, es que simplemente no quiero usarte como un placebo; quiero que cada visita que te haga sea especial, que tenga algo para decir, aunque en este momento no tenga otra cosa para decirte que no te olvidé.

Quizás no venga tan seguido como en otros momentos, quizás pasan tantas cosas que me cuesta digerirlas para poder esculpirlas en vos; pero ni el más extenso alejamiento significará que te olvide, que ya no sos importante para mí. Nunca podrías dejar de ser importante para mí, nunca podría imaginarme mi vida sin vos. Desde el día que nos conocimos, desde el momento que nos conectamos por primera vez fue mágico y nunca dejó de serlo. Hubo momentos donde bajé con enojo, con frustración, con dolor, también lo hice con felicidad, emoción y amor, pero nunca dejé de visitarte, nunca pude pensar siquiera en dejar de verte.

Pequeño e inmenso espacio en blanco, sos el abismo que mira dentro de mí cada vez que te contemplo. A veces temo por lo que puedas ver, o por lo que pueda ver en vos, pero no hay miedo que pueda lograr que te abandone alguna vez. Lo que tenemos vos y yo, es especial, trascendente y único. Sos la aventura de la que nunca voy a cansarme, que siempre tendrá algo nuevo para entregarme. Muchas veces parece que yo no me entrego ni doy tanto como lo que vos me das a mí, pero no me arrepiento de nada ni puedo disculparme por eso; desde un principio sabíamos que me llevas para que te lleve. Podrán decir muchas cosas de mí, algunas serán medio verdades y otras medio mentiras, pero hay una de ellas que jamás debería ser cuestionada: el amor que te tengo es inconmensurable y como todo amor verdadero es eterno, que no muere ni se olvida.

No lo dudes, tarde o temprano siempre bajo, más no sea a decirte que estoy acá, para vos, para mí, para que seamos esa melodía que tiende al infinito al menos por cinco minutos.